Encuentro Solidaridad y Misión (SOMI) de Europa

Del 10 al 12 de mayo se celebró en Colmenar Viejo (Madrid) un Encuentro de Solidaridad y Misión (SOMI) de personas vinculadas a la misión claretiana en Europa en el ámbito de la solidaridad. Participaron Prefectos de Apostolado y personas implicas en este campo, laicas y laicos y misioneros claretianos, procedentes de las provincias de Alemania, Francia, Italia, Fátima, Santiago, Euskalerría y Cataluña.

El objetivo del Encuentro era reflexionar sobre las líneas de trabajo misionero claretiano en Europa respecto a JPIC (Justicia, Paz e Integridad de la Creación) definiendo prioridades en cuanto a personas destinatarias, posiciones o plataformas para la misión y proyectos-acciones y enfoques.

A modo de introducción, Alberto Ares SJ, director del Instituto Universitario sobre Migraciones de Comillas, compartió sus reflexiones acerca de los desafíos de la JPIC para Europa para una congregación. Como punto de partida, señaló la necesidad de una mirada integral que nos permita ver la realidad de un mundo diverso, complejo e interconectado, en cambio continuo. Esta mirada invita a dar un paso atrás desde la posición de cada cual, encontrarnos y ver si podemos hacer algo en común. Después, ofreció 10 claves para discernir y sugirió un ciclo de misión que discurre como acompañamiento-servicio-reflexión- sensibilización e incidencia.

Se presentaron diferentes experiencias de misión: Claret Enea (Bilbao), Lar Juvenil (Carvalhos-Portugal), Casal Vic, Misión de Zürich, Via Gaggio (Lecco-Italia), Fuensanta-Valencia, PES en colegios de Bética.

Grupos de trabajo

Los grupos de trabajo se centraron en las tres dimensiones del objetivo del encuentro. En cuanto a los destinatarios, se identificaron de una forma general con las personas que están en situación de vulnerabilidad, siendo esto lo que parece definirlos y no tanto los grupos a los que pertenecen, aunque se pusieron algunos acentos: las personas migrantes (de primera y segunda generación, los refugiados), los jóvenes, las mujeres, las familias en toda la complejidad de modelos actuales, y las personas mayores solas. También se señaló a los propios claretianos y colaboradores como destinatarios que tienen que ser sujetos de conversión y sensibilizados para ser creíbles desde la coherencia de vida.

En cuanto a las posiciones o plataformas de misión, se señaló que identificar los lugares físicos o institucionales tiene una relevancia relativa y que es más importante cómo y desde dónde se está en ellos. Algunos rasgos concretos que se pudieron destacar fueron priorizar espacios puente y de reconciliación en las fronteras; tomar posiciones que posibiliten experiencias de encuentro con las personas vulnerables y/o empobrecidas que sean significativas y transformadoras; o propiciar el trabajo en red con otros y otras aunque no tengamos el protagonismo.

En relación al estilo, insistió en la llamada a promover espacios abiertos a lo intercultural e interreligioso, a trabajar desde la cotidianidad y de la vecindad desde el reto de la convivencia en estos contextos y a no perder de vista la mirada global y causal en la intervención local.

Y cómo no, hubo espacio para reflexionar sobre el trabajo de las diferentes “proclades” (Fundación, Bética, Yanapai y Ensyan) y la presencia claretiana en la ONU.

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