Mirando al año que termina con humildad y agradecimiento

30 de diciembre de 2022. En todas las esferas de nuestra vida se impone en este tiempo un balance del año que termina. Echamos, pues, la vista atrás en el camino que Proclade Bética ha recorrido durante 2022 y dos sentimientos se muestran con intensidad: humildad y agradecimiento.

El mundo apenas salía de una pandemia este año y se veía sumergido en una guerra en el corazón de Europa. La invasión rusa de Ucrania es un conflicto más que sumar a otros muchos invisibles y de diferente intensidad que comprometen la paz y el desarrollo, destruyen las vidas y golpean las esperanzas de los pueblos: Yemen, Etiopía, Afganistán, Palestina, Irán, Mali, RD Congo, Nigeria, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Perú… Violencia y desigualdad, injusticia y crisis climática y ambiental, están imposibilitando los cambios necesarios a nivel local y global para garantizar una vida digna y plena para todos y todas en esta tierra.

Tan oscuro panorama puede llegar a ser desmovilizador, por sus dimensiones o por la tendencia de nuestros entornos al repliegue en espacios de seguridad y bienestar. Y sin embargo, con una profunda humildad, sabiéndonos instrumentos y fortalecidos por el regalo de nuestra fe, hemos aunado fuerzas, hombres y mujeres, familia de Proclade Bética, para que aquello que está en nuestra mano y nos corresponde, no quede sin hacer y se vea reflejado en nuestras propias vidas. Sabemos que es un pequeño grano de arena, una luz vacilante en la oscuridad, pero estamos aferrados a la esperanza porque nos hemos dejado tocar el corazón por quien nos anuncia la Buena Noticia en forma de Niño pobre acostado en un pesebre.

De ahí surge el agradecimiento a todas las personas que abren los ojos y el corazón, aparcan sus egos y sus desánimos, comparten su tiempo y todo su ser, y aparecen centradas en una misión colectiva a la que se sienten convocadas.

Por ellas ha sido posible apoyar proyectos de las Misiones Claretianas en distintos lugares del mundo: Colombia, Argentina, Guatemala, Honduras, India, RD Congo, Tanzania, Kenia, Uganda, Zimbabue, y junto a otras organizaciones socias, en El Salvador, construyendo oportunidades para las mujeres, la infancia y juventud o las personas migrantes. Ha sido posible seguir apostando por los derechos humanos, en especial, la Educación con nuestro programa Educación Cambia Vidas (ECV), y acompañar a menores y familias en situación de vulnerabilidad en la zona norte de Granada a través del proyecto Emaús.

Agradecimiento también porque ha sido un año de reencuentros, como el que celebramos en Sevilla el voluntariado de toda la provincia claretiana de Fátima y como los que se están celebrando con personas migradas, de la mano de los proyectos de Educación para el Desarrollo, Agentes Generadores de Cambio y Derecho a Soñar. Se ha podido retomar un renovado Programa de Voluntariado Internacional, gracias a la generosidad de un equipo de personas formadoras y acompañantes, que ha  contribuido a lograr encuentros interculturales fecundos en Colombia, Brasil, Marruecos y Zimbabue. Muchas personas haciendo cosas pequeñas pero significativamente transformadoras.

Y en el plano institucional, venimos caminando desde marzo con una nueva Junta Directiva y reforzando el vínculo y la identificación de Proclade Bética con las líneas de trabajo apostólicas que va marcando el secretariado de Solidaridad y Misión (SOMI) de la Provincia de Fátima. Se han iniciado los primeros trabajos para contar con un nuevo Plan Estratégico en Proclade Bética, que se centrará en el voluntariado como sujeto y actor, y que fortalezca una organización enraizada en el carisma claretiano y comprometida de forma integral por la justicia, la paz y el respeto a la Creación. Todo ello reforzando la acción en red, con otras organizaciones y colectivos con los que compartimos valores y sueños.

En realidad, sólo cerramos un año, seguimos creciendo en nuestra vocación de servicio al Reino de Dios. Feliz año nuevo.

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